ejército, pero con la restricción de obrar en este punto de acuerdo con el
Gral. Patoni.
El Sr. Patoni es el gobernador constitucional de Durango y ha
ilustrado su nombre por servicios prestados a su patria.
El gobierno y el ejército se hallaban entonces en el estado del que
era gobernador aquel general.
Me dirigí al mismo, ordenándole oficialmente, que por vía de
préstamo agenciara, con la mayor prontitud de las haciendas y rancherías
inmediatas, algunos miles de pesos, para subvenir de pronto a las más
imperiosas necesidades de nuestros soldados.
Patoni me contestó el mismo día, haciéndome presente la
imposibilidad de dar cumplimiento a la orden, por la miseria en que la
guerra había dejado a los habitantes de aquellas comarcas.
Si esto era una verdad, no lo era menos que la situación en que yo
y las tropas nos encontrábamos, era casi desesperada por la intencional
imprevisión del gobierno.
En estas circunstancias era cuando se me encargaba el mando del
ejército, para que su disolución, que era casi inevitable, tuviera lugar en
mis manos.
El partidario más firme que tenía en el gabinete al tratarse del
nombramiento de general en jefe, era precisamente don Sebastián Lerdo
de Tejada. Este informe lo he recibido del ministro de la Guerra.
Hay que notar, que si era mala la condición de nuestro ejército al
retirarse de Anhelo, había empeorado notablemente, como era natural,
por las causas que he reseñado.
Hay también que notar, que al encargárseme el mando en jefe, el
gobierno contaba en sus arcas con algunos millares de pesos, para sus
atenciones y las de sus empleados. Se prefería todo esto a la salvación de
nuestro ejército, de ese ejército cuyos sufrimientos tocaban al heroísmo y
que tantos esfuerzos costara a los estados de Durango, Coahuila, Nuevo
León y Zacatecas.
Tuve conocimiento de esto, así como muchos de nuestros
generales, por el informe que en presencia del mismo gobierno dio el