con la bandera de sostener a Saldaña. Tuve con él una larga conferencia,
le dije que me manifestara todo eso oficialmente y se negó. En último
caso, me dijo, yo permaneceré neutral, me retiraré renunciando el mando
de la fuerza y poniéndola a las órdenes de usted. Esto y el
desbandamiento o tal vez el pronunciamiento de la fuerza misma contra
mí, es todo uno, pues el mayor de dicho batallón es una persona
notoriamente adicta a Canales que se encuentra en esta ciudad
actualmente. Así es que tal ofrecimiento era irrealizable.
Usted, señor, sabe lo que es eso de que un jefe del Supremo
Gobierno diga "yo soy neutral"; ciertas entidades pueden levantar aquí un
considerable número de gente y, teniendo a su favor tan excelente
pretexto, como el de viva Saldaña y sabiendo que yo no podía disponer
de un soldado, hubiera podido provocarse cualquier desorden.
Esto con tanta más razón cuanto que la Legislatura llamó esta
mañana al Sr. Saldaña y le mandó que prestase la protesta de presidente
de la Corte y en seguida, en el mismo acto, la de gobernador. Me
comunicó este suceso de oficio sin decirme una palabra sobre entrega de
gobierno. Adjunto a usted una copia de su comunicación. Transcribí ésta
al Sr. Saldaña y me contestó con la que también mando en copia. Así es
que de hecho, sin entrega por mi parte, el Sr. Saldaña ha empezado a
funcionar. Estoy convencido de la buena fe de ese señor. Estoy
convencido también de que casi por sorpresa, pues hay tres diputados
nuevos, se ha aprobado en la Legislatura el acuerdo relativo a las
protestas del Sr. Saldaña. Pero también estoy seguro de que a pesar de
este acuerdo yo hubiera podido cumplir las instrucciones de usted y esto
sin que hubiese el menor desorden, si el coronel López me hubiera
sostenido y el Gral. Escobedo no hubiera escrito a uno de sus amigos de
aquí, que ya se ocupaba de la persona que debía venir a relevarme. Todo
lo cual me hizo comprender que mi posición era falsa y que la
tranquilidad pública era, no probable, sino seguro que había de
interrumpirse y esto sin que la fuerza del Supremo Gobierno tomase
parte, porque el coronel López me ha dicho que él no es soldado de los
hombres sino de las ideas y que sus ideas en este particular eran que yo
debía entregar a Saldaña, porque para ello existía un decreto, sin que de