que aspire solamente a asegurar para lo presente y para lo futuro el
cumplimiento de las convenciones diplomáticas.
La esperanza del gobierno de México en que satisfarían al
representante del imperio francés los ofrecimientos que el infrascrito
formuló en términos generales en su nota del día 11, creció al leer en la
del excelentísimo señor de Saligny que había identidad de miras entre el
gobierno de Francia y de Inglaterra, porque eso quitaba todo temor de
una repulsa respecto de condiciones que no han sido calificadas de
inaceptables por el representante de S. M. B. Aun en estos momentos no
puede el infrascrito renunciar a esa esperanza.
Pero si resultase burlada, si fuesen estériles los esfuerzos leales en
que se ha extremado el gobierno de la República para prevenir las
exigencias de sus acreedores y cortar, una vez por todas, las cuestiones a
que han dado lugar las relaciones pecuniarias de México con las
potencias de Europa; si no bastara haber ido al encuentro de esas
potencias no sólo en sus derechos y pretensiones legítimas sino hasta en
sus deseos de proporcionar a su comercio lucro y ventajas; si se insistiera
en exigir del gobierno mexicano actos incompatibles con la Ley
Fundamental del país y que ni siquiera caben en el estrecho término a que
se refieren las intimaciones; el gobierno de la República se refugiaría en
su conciencia penetrado de haber hecho cuanto exigen el deber, el honor
y el más vehemente deseo de mantener su amistad con la Francia y
dejaría sobre el excelentísimo señor de Saligny la responsabilidad
inmensa de una ruptura inmotivada y que tantos males acarrearía a los
súbditos de las dos naciones.
El
infrascrito
aprovecha
esta
oportunidad
de
renovar
al
excelentísimo señor de Saligny, las seguridades de su distinguida
consideración.
Manuel María de Zamacona