¿Qué hay que hacer, pues, para evitar todos estos males? Llevar
adelante el gran pensamiento de su majestad el emperador de los
franceses, que tan generosamente nos tiende una mano amiga; llegar a
México, establecer un gobierno provisional, convocar a la nación por
medio de sus representantes, escuchar su voz y fundar un orden de cosas
firme y duradero que dé paz, orden y prosperidad, que afiance la
seguridad general e individual y que haga efectivas las garantías que
deben disfrutar los nacionales y extranjeros en todo país bien organizado
porque, de este modo, la hermosa México, que es tan rica, tan honrada y
tan amiga de las demás naciones podría cumplir sus compromisos y
llenar sus obligaciones.
Antes de ayer me honró con una visita S. E. el general de división
conde Lorencez; hablamos de los negocios de la presente campaña. S. E.
tuvo la bondad de consultar mi opinión sobre si era necesario pedir a
Francia tropas de refuerzo; le contesté que sí. Me preguntó en qué
número y le respondí que en mi concepto y sin que esta opinión pudiese
de ninguna manera influir sobre las determinaciones del gobierno del
emperador, me parecía que las fuerzas francesas que están actualmente
en el país eran más que suficientes, si obraban de acuerdo con las fuerzas
del partido conservador para apoderarse de Puebla y de México. Que los
tres mil o cuatro mil hombres de refuerzo pedidos ya a Francia, harían
naturalmente la empresa más fácil y que podría ser necesario más tarde
aumentar esos refuerzos hasta un número de ocho mil a diez mil hombres
para pacificar y ocupar completamente el país y establecer sólidamente
un gobierno estable y regular conforme al voto de la nación, pero
expliqué a S. E. que fijaba esta cifra no porque la considerara
indispensable para las operaciones de la campaña, sino sólo para asegurar
el lustre de las armas contra toda eventualidad y llevar la empresa hasta
su término, en razón de que al salir de Puebla convendría dejar allí una
guarnición respetable y, ocupado México, deberían quedarse allí las
tropas francesas apoyando al gobierno, entretanto que el ejército
mexicano marcharía a perseguir al enemigo, posesionarse de los
departamentos, establecer una autoridad y restablecer el orden en el
interior, puesto que materialmente, para hacer la campaña sobre Puebla,