Y tengo la honra de insertarlo a usted prometiéndome que,
tomadas en consideración por el ciudadano presidente, las poderosas
razones que me han movido para hacer este nombramiento que ha sido
aceptado por el ciudadano general Comonfort, se servirá prestarle su
aprobación a fin de que surta los efectos que me he propuesto y que no
podían ser de más importancia, tratándose de la defensa de esta parte de
la República y de la pacificación de un estado que, por cierto, no merecía
tanto como le ha hecho sufrir el exceso de las pasiones políticas,
cebándose sin respetar ninguna garantía en las personas y propiedades y,
lo que es más, vertiendo la sangre mexicana. Compartidos así los trabajos
del encargo que se sirvió conferirme el Supremo Gobierno, todo será
atendido y dirigido debidamente, por dicho jefe la parte militar y por mí
la política y civil; de consiguiente, la disciplina será una realidad,
fundada la esperanza de la patria en este cuerpo de ejército y realidad
también el buen gobierno de los pueblos, que no es menos importante
respecto de Tamaulipas donde, después de tan crueles sufrimientos se
está operando una visible reacción moral a favor del orden, de la paz y de
la legalidad, prueba evidente de las virtudes de aquellos ciudadanos; de
suerte que, protegiendo como es mi deber este movimiento hacia el bien,
sólo con los perversos y obstinados tendré que usar el rigor de la ley,
puesto que no han querido escuchar la voz de la razón, ni acogídose al
indulto que les ofrecí antes de emprender las operaciones militares.
Para satisfacción del Supremo Gobierno, incluyo en copia la
contestación que me ha dado el ciudadano general Ignacio Comonfort, al
encargarse del mando militar y por ella verá que, como buen mexicano,
se consagra todo entero al servicio de la nación, para defenderla si el caso
llega y contribuir al afianzamiento del orden interior.
Reitero a usted mi respetuosa consideración y aprecio.
Dios y Libertad. Monterrey, marzo 16 de 1862.
Santiago Vidaurri