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LORENCEZ ELOGIA EL VALOR DE SUS SOLDADOS,
PERO CRITICA SUS ACTOS DE PILLAJE
La Cañada, 30 de abril de 1862
Soldados y marinos:
El general Zaragoza, con quien se había reunido el cuerpo del general
Negrete, nos esperaba el 28 en la formidable posición de las Cumbres
para disputarnos el paso; tenía 6,000 hombres, 200 caballos y 18 piezas
de artillería.
Vosotros arrojasteis sucesivamente de todas sus posiciones al
enemigo, trepando pendientes cortadas a tajo, bajo un fuego intenso de
infantería y de artillería, sin vacilar un instante. Al cabo de cuatro horas
de glorioso combate, el enemigo estaba en plena retirada, dejando en
nuestro poder dos obuses de montaña. El general mexicano Arteaga se
había quebrado el muslo durante la acción.
Soldados y marinos: en el combate de las Cumbres, los ecos de las
montañas de la cordillera han resonado con el ruido de vuestras armas
victoriosas; el cañón de los inválidos responderá allí dentro de un mes;
vuestros compatriotas hablarán de vosotros con orgullo y el emperador os
felicitará.
Se me ha dicho que, después de haber fracasado con su infantería y
su artillería, los mexicanos se proponen combatiros con su caballería, que
pueden reunir en gran número y en la que tienen gran confianza pero, si
osaren atacaros, vosotros les demostraréis que no sois menos temibles
por vuestra solidez y sangre fría que por vuestra intrepidez en el ataque.
Observaréis en vuestras marchas el orden más grande y, sin
desconcertaros jamás, haréis con vuestras excelentes armas de precisión
un fuego mortífero contra la caballería mexicana.