representantes del emperador en fundar el gobierno provisional
mexicano,
que
gobierne
mientras
la
nación,
más
ampliamente
representada, fija libre y definitivamente la forma de gobierno que deban
tener permanentemente los mexicanos. Las quimeras de dominación y de
conquista con que se pretendió alarmar a los irreflexivos, quedan
patentizadas y desvanecidas. México vuelve a tener gobierno propio y
está en posibilidad y libertad de elegir entre todas las instituciones
políticas, la que siente mejor y tenga más gloriosos títulos y más firmes
garantías de estabilidad.
Entretanto, a nosotros incumbe gobernar interinamente esta sufrida
y desorganizada nación. Tarea inmensamente ardua y complicada y muy
superior a nuestras fuerzas. ¿Podremos nosotros, en nuestra transitoria
administración, reparar los desórdenes y detrimentos causados en medio
siglo? No se restaura en pocos días lo que se había fundado en tres siglos
de paz y de un gradual progreso. No podemos aspirar sino a tomar el
camino y guiaros en los primeros pasos; a personas más competentes
reserva, sin duda, la Providencia Divina el consumar toda la restauración
moral, social, política e industrial de México.
La obra es grandiosa y se realizará tanto más pronto cuanto más
pronta, decidida y general sea vuestra cooperación. Bien poco haremos
nosotros si los hombres rectos de todas las clases, partidos y rangos de
nuestra sociedad, no coadyuvan a nuestros intentos, en sus esferas
respectivas.
Os consideramos vacilantes e inciertos sobre el porvenir de nuestra
patria querida, tan abrumados de pesares y menoscabos como temerosos
de nuevos infortunios, ansiosos de paz y sobresaltados de provocar
nuevas guerras; arruinados y anhelando la tranquilidad para rehacer
vuestras fortunas; con hastío por las teorías políticas y administrativas
que hemos ensayado y recelosos de ensayar otras nuevas. En vuestra
elección está el orden y el desorden, la miseria y la prosperidad, la
conciliación y la discordia. Dos poderes tenéis a la vista: uno, cuya larga
tiranía y malas pasiones tan dolorosamente habéis experimentado y otro,
cuyo comportamiento mesurado y justiciero podéis observar. El uno, que
no se sacia con todos los tesoros, ni con vuestros más necesarios muebles