fuerza que tenía en el obispado y los 220 gabachos que le llegaron,
efectuándolo por la calle de la Purísima, nuestro flanco izquierdo que era
el más débil y penetrando hasta la plaza de armas, que ocupó. Mas, con
una bizarría que honrará para siempre a nuestros valientes soldados, fue
desalojado de la plaza en un completo desorden, acuchillado por nuestra
caballería, largando los prisioneros que nos había hecho y dejando en
nuestro poder algunos de él y multitud de franceses muertos regados por
las calles, donde emprendió su fuga y se replegó al obispado, que
indudablemente hubiéramos tomado, lo cual era nada menos que la
completa perdición de la Ciudadela; el enemigo fue reforzado con 700
franceses que al mando de Jeanningros nos tomaba la retaguardia.
En posición tan desesperada y, no obstante nuestra extensa línea,
la reconcentramos emprendiendo nuestra retirada, la cual nos hace más
honor que la toma de la plaza por el orden con que se hizo al estruendo
de los fuegos concentrados de artillería y al frente de un enemigo doble
en número y con todos los elementos de guerra y, aunque por una
fatalidad una de nuestras columnas, la de equipajes, fue atacada por una
caballería francesa por la retaguardia, sufrió la dispersión de unos
cuantos asistentes y nada más, porque violentamente la salvó el coronel
Treviño. Mi columna fue también atacada por la retaguardia por otra
caballería francesa, que fue rechazada en el acto y no se atrevió a dar
un paso más.
Esto es todo lo que ha pasado en el ataque de Monterrey, el cual,
si no nos dio el resultado que nos proponíamos, nos valió tres victorias
en 48 horas y la fortuna de probar a los franceses y al mundo todo lo
que valen los fronterizos, probando al mismo tiempo a muchos
miserables cobardes, que los franceses corren como gamos siempre que
se les bata con denuedo.
Me he extendido amenorizando a usted todos los acontecimientos
para evitar comentarios desfavorables a la causa, así como por co-
municarle este hecho de armas que estoy seguro apreciará usted en su
valor, porque conozco sus buenos
sentimientos como
mexicano.